MUJERES DE LA DEMOCRACIA Y LA IMPORTANCIA DE QUE LOS JÓVENES LAS CONOZCAN
En los últimos tiempos me preocupa, y mucho, escuchar a jóvenes decir que “con Franco se vivía mejor”. No lo digo desde el enfado, sino desde la inquietud. Porque cuando alguien afirma algo así, normalmente no es por convicción profunda, sino por desconocimiento. Y ahí es donde la educación tiene una responsabilidad enorme.
Le pregunté a nuestro profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales, cómo se estudia en los colegios la dictadura franquista y la Transición, y me dijo que se abordan de una forma superficial, como una sucesión de fechas, nombres y pactos políticos. De este modo, falta algo esencial: explicar cómo se vivía realmente, qué significaba no tener derechos y, sobre todo, quién pagó el precio para que hoy podamos disfrutar de libertades que ahora nos parecen normales.
Los derechos no han venido solos.
No han sido un regalo.
Han costado represión, cárcel, exilio y muertes.
En España hubo abogados laboralistas asesinados, obreros muertos en huelgas, sindicalistas perseguidos y mujeres silenciadas por no encajar en el modelo impuesto. Mujeres que no podían abrir una cuenta bancaria, firmar un contrato o tomar decisiones básicas sin el permiso del marido. Esta realidad, que hoy puede parecer impensable, es fundamental que los jóvenes la conozcan.
Por eso recomiendo que los jóvenes vean la serie Las Abogadas. No solo porque narra una parte clave de la historia reciente de España, sino porque muestra con crudeza cómo se vivía, especialmente siendo mujer.
En la serie se ve, por ejemplo, cómo Cristina Almeida viajaba a Londres para traer pastillas anticonceptivas, algo ilegal en España, y luego las repartía entre sus compañeras. Algo tan básico como decidir sobre el propio cuerpo era clandestino, arriesgado y castigado. Esto, contado en un libro de texto, puede pasar desapercibido; visto en una historia humana, deja huella.
También se muestra el dolor personal devastador que atravesaron estas mujeres.
Lola González perdió a su novio con solo 18 años, asesinado por la represión. Años después, le asesinaron también a su pareja, abogado laboralista, que además era hermano de Paca Sauquillo, en la matanza de los Abogados de Atocha. Hablar de democracia sin contar este sufrimiento es contar solo la mitad de la historia.
Las Abogadas no romantiza nada. Enseña el miedo, la pérdida, el cansancio, la amenaza constante. Y, aun así, muestra algo profundamente educativo: la resiliencia. La capacidad de seguir adelante, de seguir defendiendo derechos incluso después de perderlo casi todo.
Que estas mujeres apenas se estudien en los colegios es un error grave. Fueron referentes fundamentales para la futura democracia, y su historia demuestra que las libertades no se construyeron desde la comodidad, sino desde el riesgo personal y el sacrificio.
Yo vengo de Argentina, y quizá por eso esta cuestión me interpela aún más. Mi madre tenía diez años en los años 70, y los sindicatos en Argentina existían desde los años 50. Comparado con eso, el atraso que se vivió en España durante el franquismo resulta impactante. Es cierto que luego el país se puso al día con una rapidez admirable, pero ese avance no borra el retraso impuesto ni el coste humano que supuso llegar tarde a los derechos.
Por eso es tan importante recordar cómo se vivía antes. No para vivir en el pasado ni para reabrir heridas, sino para entender que la democracia no es automática. Los derechos se conquistan, se defienden… y también se pueden perder.
La educación debería servir para eso:
para formar ciudadanos críticos, conscientes de que la libertad no viene sola y de que cada derecho tiene detrás nombres, historias y vidas rotas. Incorporar relatos como el de Las Abogadas en los colegios no es adoctrinar: es educar en memoria democrática.
Porque solo quien conoce el sufrimiento que costaron los derechos puede valorarlos de verdad.
Y porque olvidar ese dolor es el primer paso para permitir que vuelva a repetirse.
No sé, ¿Qué opináis?
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